La carrera europea para no quedarse sin chips

En un mundo sin fricciones, concentrar más de la mitad de la fabricación mundial de microchips en Taiwán era una decisión inteligente.

Allí se habían ido aglutinando las gigantescas inversiones tecnológicas que requiere su fabricación y allí estaba la mano de obra más barata y mejor capacitada para su producción.

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